
La lejía es uno de los productos más básicos de limpieza en el hogar. Su gran poder desinfectante lo hace perfecto para zonas donde es muy importante la higienización. Este tipo de producto es muy eficaz contra distintos gérmenes, bacterias, moho y levaduras. Asimismo, es un gran blanqueador. La forma de utilizarla correctamente y con seguridad es disolverla con una gran cantidad de agua.
La tipología de habitación, que es el baño, provoca que las condiciones necesarias para que se creen microorganismo sea mayor debido a la humedad y las altas temperaturas. Así que lo aconsejable sería limpiar el baño con lejía al menos una vez por semana. Se debería limpiar el retrete, al igual por dentro que por fuera, la bañera y los demás muebles sanitarios, lavabo y bidé. También, puedes lavar el suelo y los azulejos con lejía para tener un mejor acabado.
Otros de los lugares donde se acumula más suciedad es la cocina. Por ello, es necesario desinfectarla a fondo. Todo ello se debe al trasiego de alimentos y la humedad, que podemos encontrar allí. Usualmente, en el fregadero y las encimeras, y por supuesto, el cubo de la basura.